Desde esta trinchera diré lo que son ahora y el devenir de lo que nos espera a vuelta a la esquina, para los que entiendan y los que vean...Pensaba hacer mediático el discurso de hoy sin embargo mis principios se contraponen ante los deseos del público, es que hoy, hoy me siento obligado a defender el intento de la verdad.
Quiero dejar todo prolegómeno pues apenas tengo tiempo para decir lo importante: Señores el ser humano, más allá del abogado o profesional de otra área del conocimiento esta camino a su destrucción. El hombre el alma del hombre, esta suspendida entre el anhelo del bien y la inclinación al mal, que nos seduce y nos posee, sin siquiera haber comprendido el sufrimiento que nuestros actos pudieron provocar en los demás. El hombre por más exitoso que sea al final, está hecho sólo de muerte, pero también de ansias de vida. Hace mucho empezamos a dejar en el olvido las cosas importantes, erigiendo como orgullosa Babilonia los pilares del Racionalismo, el Individualismo y el Materialismo, muchos vendieron su libertad por que le temían, y por que hoy más que nunca le temen, no sólo a ella sino también al fracaso, a ser prescindible, no tener dinero, etc. Olvidando que lo más importante para el ser humano es su propia humanidad.
Entonces surgen los valores que presiden las grandes decisiones. Desgraciadamente, por las condiciones inhumanas del trabajo, educación o cobardía, muchas personas no se atreven a decidir conforme su vocación, ese llamado interior que se escucha en el silencio del alma. Y tampoco se arriesgan a equivocarse varias veces. Y sin embargo, la fidelidad a la vocación, ese misterioso llamado, es el fiel de la balanza donde se juega la existencia si uno ha tenido el privilegio de vivir en libertad.
Estos valores que ya hemos perdido y que de alguna forma se nos incita a reafirmar con el curso de deontología forense, se ven cruelmente diezmados frente a los nuevos valores: la competitividad individual, el desmedro del otro, el funambulismo y el solipsismo por mencionar los más comunes que la sociedad nos obliga a cumplir hacen abandonar la parte humana que aún tenemos. El curso que se lleva no recibe la atención debida, es uno que esta por tradición más que por principio, la hipocresía aceptada en nombre de valores que realmente son mascaras del relativismo y el nihilismo que gobiernan nuestra cultura. Señores en toda relación humana, si ahora podemos nominarla así, lo que nos decimos, son más cifras que palabras, contienen más información que vida, el tiempo nos consume, hemos olvidado la importancia de la lentitud, del ocio ese tiempo exclusivamente destinado para reflexionar sobre la vida. La vida que perdemos devorada por el tiempo.
A esta altura de la disertación habrán dado cuenta del estado caótico del ser, no sólo del abogado. En realidad, el derecho no siempre fue bien visto en ninguna de sus épocas o en todo su desarrollo, la diferencia acerca de la ética y la moral con los abogados contemporáneos reside sólo en algo, la dignidad y la humanidad, antaño el cumplir con el deber era muy importante. Con esto no niego la virtud de antes, lo que quiero decir es que en el pasado no se exageraba, se intentaba ser fiel a nuestra vocación, no vendíamos nuestros sueños en nombre del bienestar económico por encima de todo. Hoy mientras la mayoría de personas se desviven trabajando y pasando penurias, sus hijos crecen viendo atrocidades por la caja boba, donde el raiting es lo primordial y cuando los invitados lo son por héroes o por criminales, creándoles confusión. Esas semillas del futuro que crecen deshumanizándose, lentamente perdiendo sus propias vidas y transmutando su ser en una serie de números y cifras donde cada cifra es un engranaje fácilmente reemplazable de esta sociedad, este terrible monstruo que creció en el seno de la orgullosa humanidad y que ahora se dedica a devorarse a si misma. Se acerca el ocaso señores.
El derecho es una egregia maldición, nuestra labor es legitimar la venganza sin que esta sea excesiva, ante todo el derecho tiene por misión mantener el status quo, ser conservadora, para evitar así, nuestra propia exterminación pero hoy en día, todos vemos la degradación de los tribunales y también el descreimiento de la justicia lo que provoca la sensación de que la democracia es un sistema incapaz de investigar y condenar a los culpables, como si fuera un caldo de cultivo favorable a la corrupción cuando en realidad en ningún otro sistema se puede denunciar, El poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente tal como lo dijo Lord Acton.
Señores: La educación debe ser reformulada drásticamente, se debe enseñar los peligros de hoy en día, el peligro que entraña la competitividad, el peligro que se acerca con la pérdida de la sensibilidad y es que cuando uno se anima al reconocimiento del dolor del otro entonces la vida será un absoluto. Debemos recordar el verdadero lujo que es el encuentro con el otro, en este nos reafirmamos como seres; un momento de silencio; admirar una obra de arte; etc.
La educación no está desligada del poder y de los requerimientos del sistema, esto es inevitable, porque sino tendríamos magníficos desocupados, magníficos hombres y mujeres excluidos del mundo del trabajo. Pero si esto no se contrabalancea, será raro en el futuro ver personas en condiciones económicas favorables y a la vez espiritualmente cultivadas y valiosas.
Debemos entonces rescatar al hombre, hoy el hombre huérfano, se siente no culpable, sino un engranaje más, y esto es peor aún. Debemos cambiar esa desvalorización del hombre empezando en una mirada, no para medir lo que tenemos sino para sentirnos parte de algo más grande, pero ser al mismo tiempo únicos porque nuestro destino está más allá de nosotros mismos.
Esta maldición que es el derecho, puede ser más llevadera, si dejamos de lado los absurdos de este paradigma y si la actual concepción del mundo es cambiada. Un mundo donde la solidaridad vaya de la mano con la unicidad.
Es tarea primordial, como dice E. Sabato aquel matemático que decidió renunciar al templo de la ciencia por ir a los abismos de las artes y realizar su búsqueda, la búsqueda de sí mismo y el encuentro con los otros. Es nuestra tarea entonces negarnos. Defender como sea posible, la tradición que nos dice cuanto de sagrado tiene el hombre. No permitir que se nos desperdicie la gracia de los momentos de libertad que podemos gozar: una mesa compartida con seres queridos, una caminata bajo los árboles, la gratitud de un abrazo. El mundo nada puede contra un hombre loco que canta y que sin embargo es más libre que cualquiera, y más justo que todos nosotros.
Atte. Yo
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