Y en la distancia de esa ausencia, ese viento triste que pasa y no me toca,
no me perteneces, ya no
a- le- ján- do- me.
Y ese largo titilar como radiofaro perdido del futuro pasado,
el ojo condenado a mirar,
las ventanas como libros que guardan el dolor.
Tachuelas de gelatina que cuelgan en mi alma
llamadas eco, que preguntan porqués inexistentes.
Otra vez tú
mantram malditamente bendito
Y este gato canta su último soliloquio
a la luna huérfana, un gato huérfano...
Y nuevamente...
Intentando dibujar sueños con mis pinceles tristeza...
martes, 26 de mayo de 2009
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